lunes, 14 de marzo de 2011

LOS EXPLORADORES DE MELILLA (boy-scouts)

Dentro de dos años se cumplirá el centenario de la creación del primer grupo de exploradores de Melilla, asociación juvenil que, tras un silencio de cuarenta años, volvió a renacer y hoy se mantiene muy activa.

Los exploradores, también conocidos como boy-scouts, habían sido fundados en Inglaterra en 1909, con antecedentes en Estados Unidos y Canadá, por el general Robert Baden-Powell. Fueron seguidos en Francia por la organización juvenil de los Jeunes Eclairons.

En España el proyecto fue asumido por  el capitán de Caballería Teodoro Iradier Herrero, director de la Revista de Caballería, en la que, en 1912,  comenzó a diseñar uno similar similar, que en cierto modo sustituía los antiguos batallones infantiles. Se creó un Comité Central presidido por el Duque de Tamames, ofreciéndose la presidencia honoraria el rey Alfonso XIII.

En Melilla la iniciativa estuvo  cargo de  Miguel de Elizaicin,  coronel jefe del Regimiento de Taxdirt, unidad que entonces tenía su acuartelamiento en el Mantelete, cercano al fuerte de San Miguel, y cuyo último vestigio es lo que queda  de la llamada Casa de Aviación.

Coronel Elizaicin (1915)

Elizaicin escribió, en el Telegrama del Rif  del 23 de junio de 1912, un artículo en el que ponía de manifiesto las bondades de una asociación juvenil de esta naturaleza, pues se trataba de una organización muy conocida entre las naciones que marchan a la cabeza de la civilización, una verdadera escuela de ciudadanos, y cuyo objeto  fundamental era educar la voluntad de los jóvenes, llevando una vida campestre, y teniéndose que bastar a sí mismos para resolver las dificultades y riesgos, adaptándose al medio, educación que las habría de servir para enfrentarse a las dificultades de la vida.

En el artículo, Elizaicin especificaba los artículos del decálogo de la organización inglesa, por los que la lealtad, la amistad, la cortesía, la obediencia y otras virtudes, debían formar parte del bagaje moral del explorador.

Melilla, según el coronel, debía se una de las primeras ciudades españolas  en crear un grupo de exploradores, cuando ya en otras doce provincias se estaba en proceso de organización.

Aunque hubo adhesiones a la iniciativa, no se llegó a un numero de afiliados suficiente para formar un grupo. En noviembre de ese mismo año se fundó en Madrid la Asociación Los Exploradores de España, que fue presidida por el Duque de Tamames.

Tan poca asistencia tuvo en Melilla la iniciativa de Elizaicin que, un año más tarde se volvió a retomar el asunto, llevándolo esta vez  hasta el  Comandante General, Gómez Jordana, en el cargo desde el mes de  enero anterior, quien acogió benévolamente  la idea y, de acuerdo con el Gobernador, General Villalba, encomendó a su ayudante, el comandante de Infantería Manuel García Álvarez, la tarea de instruir a los nuevos “scouts”.

 Explorador melillense

En mayo de 1913 se consolida la formación del grupo de exploradores, cuyos estatutos fueron aprobados en el Casino Militar de la Avenida el 27 de julio de ese año. Se nombraba instructor del grupo  al teniente de Caballería del regimiento Taxdirt Manuel Ugarte García.
Aunque el número de afiliados fue muy escaso, al menos se comenzó a hacer algo, efectuándose una primera salida al campo vecino, una marcha a la cabila de Beni Sicar efectuada el 12 de octubre del mismo año.

La Asociación llevó una vida lánguida durante aquel tiempo, sin afiliados y sin impulsores que la mantuvieran viva. En 1915 estaba  a cargo del profesor Rafael Fernández Martín, pero ya sin pulso alguno, y cuando el coronel Elizaicin se fue de Melilla en mayo de 1916, por su ascenso a general, estaba prácticamente muerta.

A iniciativa del Consejo Nacional, hubo un intento de recuperarla en marzo de 1917, a cargo del comandante de caballería José Álvarez de Sotomayor y Zaragoza, del regimiento de Alcántara, con cuartel en el Hipódromo. Voluntarioso, el comandante consiguió la  creación de los exploradores en Tetuán, impulsar la en Ceuta, donde también permanecía estática, pero apenas avanzó nada en Melilla. Pretendió implicar a los generales Aizpuru y Monteverde en el asunto, de los que recibió muy buenas palabras, pero en los que había muy escaso interés.

Se mantuvo la organización, pero sin apenas movimiento. En junio de 1925 era jede de Sección el teniente Eduardo Rubio Funes, de la Medalla Jalifiana.

Exploradores en el Río de Oro

Volvió a renacer en enero de 1929, gracias al fuerte impulso dado por su delegado el coronel Miaja. En marzo, y en un local cedido por la Junta Municipal en el barrio Gómez Jordana,  hubo una reunión a la que asistieron el comandante de Intervenciones Militares Jesús Jiménez Ortoneda, el ingeniero industrial Francisco de las Cuevas, el director del Banco de Bilbao, Juan Troncoso, el representante del Monopolio de Tabacos en el Norte de África José Jorro, los comerciantes David Benchimol y Ahmed Amor, y el multifacético Rafael Álvarez Claro, del que es difícil saber en que sector económico de la ciudad no tenía intereses.

De aquella reunión salió una voluntad más firme que las anteriores para impulsar la Asociación.

 Barracones de los exploradores a la entrada de la calle Plus Ultra

Se cedió  a los exploradores los barracones que la academia de árabe tenía en la calle Aviadores del Plus Ultra, academia que, por cierto, sería suprimida unos meses más tarde.
La Asociación, en esta nueva época, llegaría a contar con unos 100 afiliados, agrupados en lobatos, 1ª, 2ª y 3ª categoría. También se editó una revista, El Aullido del Lobo.

Su primera excursión, el 7 de abril, de corto recorrido, sería a los barracones cedidos por el Jefe de la Circunscripción, Manuel González Carrasco, en lo que fue hospital de Alfonso XIII, en las alturas del mismo nombre. Era jefe de la tropa el comandante Jesús Jiménez Ortoneda.

Posteriormente hicieron salidas a la cabila de Beni Sicar, para lo que se les habilitó un campamento en la zona de Taurirt, tal como se ve en la fotografía adjunta. Con el tiempo incluso viajarían a otras ciudades, como Tánger por ejemplo.

 Campamento de Taurirt, acabado de instalar

Por la reorganización, debida al impulso del  coronel Miaja, éste sería recompensado con la  Encomienda de la Orden del Mérito Civil. La primera condecoración, la medalla al Mérito Escultista, le fue concedida al instructor Si Ahmed Abdelkader Hach Tieb.

Faltaba, para sus salidas el campo vecino, un albergue permanente, para lo que solicitaron ayuda a la Junta Municipal, que les concedió 500 pesetas, y  con otras ayudas particulares recibidas, en enero de 1931 se inauguró el nuevo albergue de Taxdirt.

En la inauguración del Cine Perelló, el 29 de enero de 1932, y para recaudar fondos destinados a la asociación, los exploradores organizaron una función especial, que fue presidida por Miaja.

Por la misma época, se solicitó al coronel Miaja que el albergue de Taxdirt no estuviera exclusivamente dedicado al servicio de los exploradores, sino que igualmente fuera utilizado como colonia escolar, a lo que Miaja accedió.

Por fin, en sintonía con los nuevos tiempos, en mayo de 1934 se organizó un grupo de Girl Guides, dentro del llamado Club de Exploradores de España. Agrupación de Melilla.
La sede de la calle Plus Ultra fue reformada e inaugurada el 5 de mayo de 1935, siendo, según la organización del grupo,  presidente del Consejo local el señor Soriano, comisario provincial el señor Revilla y secretario el señor Blanco. El local serviría incluso como sala de conferencias.

Poco tiempo tuvo de vida la Agrupación en esta fase de su historia. En julio de 1937 se refundió con la FET y el albergue de Taxdirt, en 1942, sería convertido en albergue universitario.

Cuarenta años más tarde, los exploradores volverían a  renacer en Melilla.

miércoles, 23 de febrero de 2011

HOTEL REINA VICTORIA

Iniciado el siglo XX en Melilla con una población en alza, con un número de visitantes en continuo incremento, y una expansión urbana que se extendía rápidamente por el llano que ocupaban los  antiguos campo de instrucción y huertos de la guarnición, la oferta hostelera se había quedado rezagada. Aparte de unas pocas fondas repartidas por la ciudad y el hotel Colón en el barrio del Polígono, y cuya desmejorada silueta, hoy convertida en viviendas, puede  contemplarse en aquel, nada más había que pudiera atender la creciente demanda de alojamiento temporal.

El hotel Colón, fundado como restaurante por el catalán Torres Pubill en 1894 con el nombre de restaurante de Asia, en recuerdo del regimiento del mismo nombre, y refundado con el de Gran Hotel Colón por sus nuevos dueños en 1906, no era suficiente para atender a un público que demandaba unos servicios de mayor calidad.

Por eso, en el naciente barrio del Reina Victoria, con proyecto del comandante de Ingenieros Alejandro Rodríguez Borlado, presentado poco antes de ser destinado a la Comandancia de Ingenieros de Valencia, se comenzó, a finales de 1907, el que en un principio se iba a llamar Hotel Universal y terminó llamándose Hotel Reina Victoria, en sintonía con el nombre del barrio.

El nuevo hotel abrió sus puertas el 31 de octubre de 1908. Siendo un acontecimiento inusual en la ciudad, a la inauguración asistieron los coroneles Benedicto y Axó, de los regimientos Melila 59 y África 68 respectivamente, el teniente coronel Gutiérrez, del Estado Mayor  del Gobierno Militar, el secretario de la Junta de Arbitrios señor Mármol, acreditado representante y almacenista establecido en el barrio del Mantelete,  el ayudante del general 2º jefe, Antonio Zegrí, hermano del popular fotógrafo del mismo apellido, y Cándido Lobera, propietario y fundador del diario local, así como representaciones de todas las clases sociales, tal como declaraba el propio diario. Amenizó el acto la banda de música del regimiento de Melilla.


Hotel Reina Victoria. Fachada norte (1915)

Servicio a la altura de los más renombrados hoteles, propagaba el nuevo establecimiento, con evidente y disculpable exageración, con amplio y elegante comedor para 100 comensales  en el que llamaba la atención el techo, de buen gusto y estilo modernista. La cocina, como no podía ser menos, era la última palabra en su clase. En el piso principal, habitaciones confortables, con mobiliario nuevo -extraña expresión-, timbres y alumbrado eléctrico. Se complementaba con salón de lectura.

El edificio, en aquella fecha, ocupaba la manzana desde Prim a Serrallo, y,  como nota distinguida en su publicidad, ofrecía una amplia panorámica  sobre el puerto, el Parque Hernández y el Gurugú. Hay que tener en cuenta que en aquella fecha, solamente se había construido algo menos de la mitad del barrio, por lo que quedaba despejado a la vista buena parte del terreno exterior al mismo.

Su momento de mayor demanda lo tuvo pocos meses más tarde, con el inicio de la campaña de 1909. No había en la ciudad suficiente número de pensiones, hospederías y hostales para atender a tanta gente. Por eso hubo que habilitar como alojamiento, dentro del propio hotel, los pasillos y la azotea, con el fin de  admitir un mayo número de huéspedes. Goñi, el periodista del diario ABC, con rara suerte, encontró un hueco en el salón-escritorio donde colocar un colchón y una manta, sin almohada ni ningún otro avío. Tanta incomodidad  obligaba a decir a Pedro de Répide, de El Liberal, que se encontraba a mediados de agosto en la Restinga, que durmiendo en una tienda y comiendo en el campo se estaba infinitamente mejor que en Hotel Victoria.

Pero si una cosa era el alojamiento otra cosa eran el bar y comedor del hotel, puntos de reunión de toda aquella persona que significara algo en la ciudad. Para Urquijo, de El Globo, el bar del Victoria era el Lyon d’Or de Melilla.

Eugenio Noel (1909)

Del comedor tenemos esta sugerente impresión de Eugenio Noel, voluntario en el Regimiento Inmemorial, aparecida al final de la campaña en uno de sus artículos publicados en el diario España Nueva, precisamente con el título de El comedor del Hotel Victoria.

“Por tres pesetas que os hubiera costado el cubierto, tal vez no comeríais bien; pero, a mediados de noviembre, la libreta de apuntes estaría, como la mía, llena de dibujos, firmas, tipos y frases. El local es muy reducido, la mesa redonda; no se necesita más para intimar pronto. Además, los militares en campaña son muy expansivos. Les dejáis hablar, y sin tirarle de la cuerda os cuentan sus impresiones, os dibujan croquis, os ponen al corriente de las opiniones de sus compañeros, os describen escenas picarescas  que os desternillarán de risa  y concluyen estrechándoos las dos manos con efusión, un tanto perjudicial, pues suelen apretar de veras. En tiempos de paz su altivez los hace interesantes  e infranqueables, y sabido es que la milicia es un sacerdocio, o debe serlo, y nada mejor  para engrandecerle que no prodigarse en ociosas tertulias o confidencias alarmantes.

“Difícilmente en la vida se encontrarán de nuevo juntos tantos oficiales, y príncipes, y generales, y jefes, como en esta habitación estrecha, destartalada y corta. A la una no hay un sitio vacío. Excepto Marina, todas las clases del ejército de operaciones han comido en este tugurio con honores de comedor, y no se habrán arrepentido pues ha sido durante toda la campaña una magnífica sala de contratación de valores de guerra. Cuando se perdía algún oficial o jefe en el plano de posiciones, se le encontraba  aquí, envuelto en una servilleta, comiendo a dos carrillos y describiéndoos con datos espeluznantes los preliminares de la batalla de Taxdirt. Había siempre representantes de todas las armas. De tal modo que era muy frecuente exclamar: “¿Pero está aquí tu regimiento?”, y ya en antecedentes, sabíais que el regimiento estaba en Nador o en el Had.”

El variopinto ambiente del comedor se confirmaba con la corta descripción que del mismo hizo Colombine (En la guerra…)

“El comedor del Hotel Victoria presentaba un aspecto animadísimo. Una multitud de militares, con trajes de rayadillo, iban de un lado para otro formando pintorescos grupos, en los que jefes y oficiales se confundían con vo­luntarios aristócratas; de modo que no era raro ver la ban­da roja de un general entre los sencillos uniformes de ele­gantes soldados.”

De distinta forma lo veía Ruiz Albéniz, para quien el comedor del Hotel Colón era mucho más simpático que el del Reina Victoria, especie de Ritz de Melilla…El democrático hotel del Polígono era, para el periodista del Diario Universal,  más alegre, más divertido que el linajudo Reina Victoria, frases en las que se aprecia una sorna no muy velada.

Terminada la campaña el hotel volvió a su sereno transcurrir anterior.

En marzo de 1910 cambió de propiedad y se hicieron algunas reformas  para, al decir de Salvador Guitart, su nuevo propietario, colocarlo a la altura que demandaba la creciente importancia de la ciudad.

No se cuando despareció el hotel y se transformó, como hoy lo está, en viviendas particulares. En 1925  aún funcionaba, con el mismo propietario y con el sonoro nombre de Gran Hotel Reina Victoria. Para entonces otros hoteles  se desperdigaban por el espacio urbano de la ciudad.

Estado actual del edificio del antiguo hotel Reina Victoria. Fachada sur (2005)

En las fotos adjuntas vemos al hotel hacia 1915 y su estado actual en una foto de 2005. Comparando ambas fotos vemos que la primera es una engañosa foto del hotel, pues está cambiada su verdadera orientación, ya que el lado izquierdo es en realidad el derecho y este el izquierdo. Por lo demás, el inmueble apenas ha sufrido destacados cambios.

sábado, 12 de febrero de 2011

COOPERATIVA OBRERA AUTOMOVILISTA (COA)

Con anterioridad  a la creación de la primera empresa de autobuses urbanos en Melilla circulaban por la ciudad unas camionetas de modelo anticuado, de propiedad particular,  que, sin regulación normativa alguna,  prestaban el servicio público de comunicaciones  entre el centro urbano y los barrios exteriores.

Al crearse, por Real Decreto de 14 de febrero de 1927, la Junta Municipal, sucesora de la anterior y anómala Junta de Arbitrios, aquella puso en vigor un reglamento para el servicio de autobuses. Este reglamento no concedía líneas en exclusiva, con el fin- al decir de la propia Junta- de fomentar la competencia.


La Compañía Ómnibus Automóviles de Melilla (OAMSA) se constituye el 24 de mayo de 1927, estableciendo una rede autobuses urbana con servicios combinados, que funcionaban entre las 6 de la mañana y la 2 de la madrugada. Cobraba 15 céntimos por trayecto. Tenía sus oficinas en el nº 9 de la calle General Marina y el garaje en la llamada huerta de Belmonte.

Sucesora de las antiguas camionetas, la compañía de autobuses llamada LA UNION entró en competición con la anterior, promoviéndose una serie de incidentes que culminaron en un acuerdo entre ambas, quedándose la segunda con la línea entre la Plaza de España y el barrio del Real.

La OAMSA amplió sus servicios al exterior de la ciudad haciéndose cargo de las comunicaciones públicas por carretera entre Melilla y la ciudad marroquí de Uxda. Como dato curioso, el trayecto entre ambas ciudades se cubría en seis horas y media, , cuando hoy se hace en dos horas sin ninguna dificultad.


Autobús de la Cooperativa Obrera Automovilista (1935)

A la llegada de la Republica  comenzaron los problemas laborales entre la dirección de la OAMSA y los trabajadores de la plantilla, hasta el punto que la dirección de la empresa, en septiembre de 1931, llegó a proponer la disolución de la misma. En aquella época era presidente Rafael Álvarez Claro y secretario el farmacéutico Emilio Sánchez Ferrer. En el mes de octubre siguiente, en plena huelga de sus operarios, se produce la muerte de un obrero por la Guardia Civil.
Entra la compañía en un proceso de declive que llega incluso, en abril del año siguiente, a clausurar el servicio de transporte de viajeros por  ser ruinoso para la empresa, proponiéndose que el Ayuntamiento se hiciera cargo del servicio. Aunque este se reanuda, las pérdidas de la compañía, lo hacen inviable,  y en octubre de 1932 el Ayuntamiento estudia la municipalización del transporte urbano, aunque, viendo sus dificultadas, terminó renunciando a la propuesta.

Paradas de Autobús de la Cooperativa Obrera Automovilista

La OAMSA cesa, finalmente, en el servicio, el 7 de enero de 1933, por dificultades económicas insuperables, dejando a 104 obreros en el paro.

Para dar continuidad a la empresa los propios obreros se constituyen en cooperativa unos días más tarde, haciéndose cargo del material automovilístico que la empresa les cede como pago de las indemnizaciones a que tenían derecho.

De esta forma surge la COMPAÑÍA OBRERA AUTOMOVILISTA (COA), cuyo autobús vemos en la fotografía adjunta, en la parada de la Plaza de España. Un año más tarde cesa igualmente LA UNION en la línea al barrio que del Real, haciéndose cargo la COA del servicio.

lunes, 31 de enero de 2011

LA IGLESIA DEL LLANO

Tras la guerra de Margallo la población de Melilla fue aumentando progresivamente, de tal forma que la población del barrio del Polígono, en el campo exterior  y habitado desde 1891, recibió una población compuesta de gentes de diversas confesiones religiosas, entre ellas católicos  procedentes en su mayor parte del Sur peninsular.

Pronto se hizo oír la voz colectiva de este núcleo confesional  que solicitaba una iglesia más cercana que la existente en la Melilla antigua, hasta tal punto que la Junta de Arbitrios, en sesión del 24 de marzo de 1894, aprobó la construcción del  edificio religioso demandado. Como ya era tradición en la Melilla del siglo, la Junta de encontró con la falta de medios económicos para llevar a cabo la obra.

Tuvo que llegar a Melilla un vicario voluntarioso, D. Eduardo Alvendín Carrasco, para que la iniciativa cobrara vida. El Sr. Alvendín pretendía que la iglesia se levantara en el propio barrio del Polígono, donde los cristianos veían las tres sinagogas de que disponía el colectivo hebreo, aunque en viviendas particulares,  sin que ellos tuvieran un templo cercano.

En el nuevo cementerio existía una capilla de reducidas dimensiones, que por su función específica  no cumplía el objeto que se demandaba.

Finalmente, en 1900, cuando la población de Melilla  alcanzaba las 6.000 almas, el 80% de religión cristiana, impulsada por el señor vicario, una asociación de señoras, secundadas por el Coronel de la Comandancia de Ingenieros D. Angel Rosell y el de la Comandancia de Artillería D. Francisco Fernández de Heredia, Conde de Torre Alta,  crea una comisión que, en diciembre de ese año, aprueba la organización de quermeses y tómbolas con el fin de allegar los fondos necesarios para la construcción de la iglesia. Previendo el futuro, en el que la nueva Melilla se extendería por el llano existente entre las murallas y el barrio del Polígono, se decidió que se levantara en el desmonte existente en donde hoy se halla la iglesia del Sagrado Corazón, desmonte que provenía de las tierras extraídas en 1892 para rellenar  la parte de costa comprendida entre el muelle militar y la Florentina.

 Iglesia del llano (1908)

Para la iglesia del llano la Junta de Arbitrios aportó 100 pesetas, una cantidad insignificante que fue complementada con las sumas aportadas por las tómbolas citadas y algunas funciones de teatro que se organizaron para ello. Estas funciones, que el principio fueron mensuales, fueron decayendo con el tiempo, por el escaso resultado de las mismas, pero, sobre todo, por la salida de Melilla del coronel Rosell, en 1902, y el coronel Conde de la Torre Alta en 1903, principales alentadores de la construcción del templo.

Aun con todo, el 8 de diciembre de 1900 se había colocado la simbólica primera piedra, y se habían comenzado las obras, obras dirigidas por el capitán de Ingenieros Vicente García del Campo, autor de un proyecto de puerto en Melilla, pero también el capitán abandonó Melilla en 1902. Reorganizada la junta, la siguiente careció del entusiasmo necesario para llevar a cabo un proyecto como aquel. Solamente el párroco, Sr. Albendín, siguió en la pugna por el asunto. Consiguió que por parte de la Junta se  concedieron, sucesivamente, unos créditos de 1.400 y 3.000 pesetas, que sirvieron para levantar las paredes del templo, pero la parte más costosa, la cubierta, necesitaba créditos de mayor cuantía, por lo que algunos aconsejaron se recurriera a la petición de  donativos  a la aristocracia y grandes empresarios peninsulares.

Como anécdota, el recién creado diario local, El Telegrama del Rif, publicaba en 1903 una carta firmada por una tal Lisa, que supongo era un seudónimo, en la que se decía que la obra detenida constituía una curiosidad para los turistas llegados a Melilla, que preguntaban intrigados cual era el objeto de tal construcción.

Entretanto el Sr. Albendín había sido sustituido por D. Lorenzo Zotano, y este a su vez, desde el 4 de febrero de 1904, por D. Miguel Acosta, quien , como  solución urgente para solventar el problema del templo inacabado, y atender un colectivo cristiano que había aumentado considerablemente en los barrios exteriores, donde se había creado el nuevo barrio del Carmen, se habían levantado los pabellones militares de Santiago y Buen Acuerdo, se había comenzado el barrio de Alfonso XIII y se habían instalado otros núcleos de viviendas diseminadas por la zona, solicitaba a la Junta  el alquiler de un local que supliera la falta de la iglesia. En ambas ocasiones, la Junta denegó la petición por falta de crédito.

En 1906 se comienza el nuevo barrio central, extendido por lo que antiguamente fue campo de instrucción y más tarde  huertos de la guarnición, y poco a poco se fueron levantando nuevos edificios, incrementándose la población. En 1907 y 1908 vuelve a insistir el Sr. Acosta en que la Junta alquile un local. La Junta contesta igualmente que no tiene consignación para ello.

Detalle del plano de Melilla al 31-12-1908, zona centro (Memoria Obras del Puerto)

Era la época en que el capitán García Pérez, de visita en Melilla, veía en el llano “una iglesia de esbelto trazado” (GARCIA PÉREZ.- Ocho días…1909). Y es a esta época a la que corresponde la foto de la iglesia que se adjunta.

En el barrio de Alfonso XIII, donde hoy existe (o existía) una sinagoga, las monjas del Buen Consejo, llegadas a Melilla a fines de 1905, abrieron el 27 de abril de 1907 una nueva capilla, bendecida precisamente por el vicario Miguel Acosta. Tampoco este espacio reducido resolvía la demanda de iglesia, ni tampoco cuando el 2 de noviembre de 1908, e igualmente bendecida por el ubicuo Miguel Acosta, inauguraron en la calle Tetuán (hoy Chacel) una nueva capilla, pero también con escaso aforo, pues solamente tenía capacidad para 100 personas. El culto corría a cargo de D. Fernando Solanilla, cura castrense.

Tras la campaña de 1909, la población de Melilla alcanzaba la cifra de 21.000 almas y una guarnición de 60.000 hombres dispersos por la zona.

Sin dinero para rematar la obra, a fines de 1910 llegan noticias de que el Gobierno había incluido una partida de 150.000 pesetas para continuar las obras, comprometiéndose a incluir en años sucesivos diversas partidas hasta su final. Se estimaba para entonces que lo construido  no servía para nada y había que hacer un proyecto nuevo, pues la población había aumentado considerablemente y era preciso aumentar el volumen y superficie de la obra. Además, debido a su abandono, lo construido presentaba un gran deterioro.

Pocos días más tarde, a principios de 1911, con motivo de la llegada de Alfonso XIII a Melilla, acompañado del Presidente del Consejo de Ministros, alguien recordó a este segundo el compromiso del Gobierno, contestando el Sr. Canalejas que haría lo posible para que la iglesia del llano se terminara.

 Fernando Guerrero Stracham (1912)

Algo se hizo, al menos formalmente, pues en el mes de abril siguiente llegó a Melilla, el arquitecto de la Junta Diocesana de Málaga D. Fernando Guerrero Stracham, acompañado por el párroco de la iglesia del Carmen D. José Fresneda, y el beneficiado y vicesecretario del Obispado D. José Montero, quienes el mes anterior habían sido nombrados para estudiar el proyecto de la nueva iglesia. En esta iniciativa se veía la mano, una vez más, de D. Miguel Acosta.

En el mes de agosto siguiente se recibe la mala noticia de que los créditos del Ministerio de Gracia y justicia estaban agotados y había que esperar al presupuesto del año siguiente.

Efectivamente, por R.O. de 5 de febrero de 1912 del citado ministerio se aprueba el proyecto de obras del nuevo templo, de Guerrero Stracham, con  aportación de 30.000 pesetas, cantidad  con la que al menos se cumplía parte del compromiso asumido.

 Iglesia del  Sagrado Corazón (1961)

Las 30.000 pesetas solo dieron para las obras de derribo de lo construido, la ampliación del desmonte y la cimentación. Derruida la inútil obra anterior desde el 25 de mayo siguiente, desapareció el mudo testigo de doce años de impaciente espera, viviéndose con  las obras de la iniciada iglesia del Sagrado Corazón una peripecia, en algunos aspectos, similar a la anterior.

domingo, 23 de enero de 2011

EL CAMPAMENTO REAL DE ALFONSO XIII EN MELILLA

Entre los acontecimientos que mayor expectación han suscitado en Melilla a lo largo de su historia están las tres visitas que el Rey Alfonso XIII hizo a la ciudad durante su reinado.

Este mes se cumple el centenario de la segunda y, según parece, se han puesto en marcha algunas iniciativas conducentes a rememorar tan especial efeméride.

Días antes de la llegada del monarca la ciudad entera se movilizó para que don Alfonso encontrara en Melilla el ambiente que se esperaba para una visita real.

 Alfonso XIII (1911)

La ciudad no estaba preparada para dar alojamiento a la numerosa comitiva que acompañaba a Rey en su viaje, entre la que se encontraba el Presidente del Consejo de Ministros Sr. Canalejas. Solamente los hoteles Colón, De France y Reina Victoria ofrecían sus modestas instalaciones a los  visitantes. El primero, situado en el barrio del Polígono, y  que hoy aun muestra su estructura similar a la original, fue fundado por José Torres Pubill en 1894 con el nombre de Hotel Asia. El segundo, lo fue por su viuda, en agosto de 1909, en plena guerra del Rif, en la calle General Marina, que entonces se llamaba carretera del Buen Acuerdo, y el tercero, cuya exterior puede verse hoy sin cambios destacables, situado en pleno barrio central, se inauguró en octubre de 1908, precisamente en el mismo lugar donde, en una tienda de campaña y  durante la guerra de Margallo, se había instalado un restaurante, el primero de Melilla. Aunque  este último hotel era considerado por Ruiz Albéniz  como  “linajudo”, los tres centros hosteleros ofrecían un ambiente interior  aceptable pero no lo suficiente, en capacidad y confort, como para alojar a tan ilustres personajes y su séquito.

La alternativa fue, curiosamente, más modesta, pero muy acorde con la personalidad de Alfonso XIII que, como es sabido, tenía gran predilección por todo lo relacionado con lo militar.

El Regimiento Mixto de Artillería, que por aquella época estaba de guarnición en Melilla, se había creado por R.O. de uno de julio de 1910, y por otra R.O. de 29 de octubre del mismo año se dispuso que como acuartelamiento para la unidad se utilizara la zona inmediata al fuerte llamado precisamente de Alfonso XIII. Desde el mes de noviembre siguiente se comenzaron a levantar los nuevos barracones para la tropa, y cuando se anunció la inmediata llegada del Rey ya estaban levantados nueve de aquellos. Siete de estos barracones fueron destinados como alojamiento de Alfonso XIII y resto de personalidades.

 Campamento, pabellón real y salón de audiencias (Alzugaray, 1911)
 Barracón para personal del séquito
Sección de un barracón

El encargo de adecuar los barracones a su improvisado uso fue el primer teniente de Ingenieros Alzugaray, con destino en la compañía de Zapadores, quien ascendería a capitán justo en el momento en que se acondicionaban aquellos.

Los dos primeros barracones, que pueden verse en uno de los planos del proyecto que se adjuntan, fueron dedicados, uno, a salón del trono, y otro, con el que se comunicaba el anterior por medio de un pasadizo, a alojamiento del Rey y su Jefe de la Casa real. El decorado corrió a cargo de los establecimientos hindúes de Melilla Chanrai y Pohomull Hermanos. Los comerciantes hebreos contribuyeron a decorar una habitación en estilo moruno. Los muebles fueron facilitados por comerciantes y particulares de la ciudad.

El resto de los barracones, cuyo interior estaba dividido por tabiques que separaban las habitaciones y despachos, se destinó al personal acompañante.

El 7 de enero de 1911, descendiendo del yate real Giralda,  hacía su entrada Alfonso XIII en Melilla, siendo cumplimentado por el Capitán General  García Aldave, por un nutrido grupo de personalidades de la ciudad y de las kabilas cercanas, y un inmenso gentío que se agolpaba en las inmediaciones.

 Subida de la comitiva al  campamento real

Tras un solemne acto religioso en la iglesia del pueblo, el Rey y su comitiva se dirigieron al campamento real, estando cubierta la carrera, durante todo el trayecto, por tropas de la guarnición, como puede verse en la fotografía adjunta.

Los pabellones del campamento de Alfonso XIII fueron utilizados durante las campañas como hospital, tal como puede observarse en el plano que se adjunta en mi página dedicada a Rogelio Vigil de Quiñones, que prestó sus servicios en el mismo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

RADA O PUERTO DE MELILLA (Agosto 1909)

  Rada de Melilla, agosto de 1909

Declarado de interés general por Ley del 7-5-1902 (complementada años más tarde por el Real Decreto-Ley de 24-2-1928), el puerto era una cuestión vital para la ciudad de Melilla y su construcción se había retrasado cerca de dos siglos, tiempo durante el cual los sucesivos gobernadores habían clamado inutilmente por su urgente necesidad.
El que fuera ministro de Alfonso XIII, Miguel Villanueva, fue factor decisivo para que,  aun con indecisiones y faltas de consignación, llegara a hacerse una realidad.  Villanueva había llegado a Melilla, en una de sus frecuentes visitas, en enero de 1904, interesándose inmediatamente por el puerto, que le pareció de suma importancia para la ciudad. En un discurso pronunciado en la Asociación Mercantil afirmaba: El puerto de Melilla no es una de esas obras hidráulicas, es una obra nacional y si España juega algún papel en las cuestiones africanas, por Melilla ha de comenzar su obra de influencia y civilización.
No es extraño, pues, que en 1908, Pablo Vallescá, presidente de la Cámara de Comercio, solicitara a la Junta de Obras del Puerto que el dique en construcción llevara el nombre de Villanueva.
El 25-3-1904 es nombrado ingeniero director de las obras don Manuel Becerra.
El primer proyecto, efectuado en 1904 y modificado en el tiempo, era del ingeniero-jefe de la JOP de Málaga D. José de Torres Capurión.

El Rey Alfonso XIII con 18 años de edad el 2 demayo de 1904 en el puerto de Melilla

Durante la visita a Melilla en mayo de ese año, el Rey Alfonso XIII coloca la primera piedra en el espigón de la Florentina, en el lugar llamado ensenada de la Galera, y poco después comenzaban las primeras obras.
Tras diversas demoras provocadas por la falta de licitadores, por fin, en marzo de 1907, se adjudican las obras a la Compañía Transatlántica debiendo comenzar las obras antes de seis meses .

Taller de bloques con tranvía transportador al frente, Melilla 1908.

Los bloques comenzaron a construirse el 20-10-1908, pero con motivo de la demora en la llegada de la maquinaria, la lentitud de los trabajos y los temporales, las obras sufrieron un gran retraso en 1908 y1909, y al comenzar la campaña de 1909 quedaron completamente paralizadas.
La fotografía de cabecera que acompaña al texto corresponde al mes de agosto de 1909, y su simple observación pone de manifiesto el desamparo de los buques surtos en la  rada, y la insignificancia de los muelles del comercio y militar para atender las numerosas necesidades provocadas por la guerra, solventadas gracias a las tripulaciones, las embarcaciones particulares y, sobre todo, el sacrificio de la abnegada Compañía de mar.

LA CÁMARA DE COMERCIO DE MELILLA

Las fotos de Lázaro que acompañan al texto fueron tomadas en Melilla el 25 de julio de 1915 y corresponden a la inauguración del edificio de la Cámara de Comercio local.
 
Según su presidente, Pablo Vallescá, fue el primer edificio de esta clase levantado en España, pues el resto de las Cámaras ocupaban inmuebles cedidos o alquilados.
 
Las Cámaras fueron creadas por Real decreto de 9 de abril de 1886, iniciativa de Montero Ríos, ministro de Fomento, siendo la de Bilbao la primera fundada. Por ley de fecha 29 de julio de 1911 la normativa anterior fue adaptada a los nuevos tiempos. Antecedente de la de Melilla fue la Asociación Mercantil e Industrial, planeada en enero de 1899 y fundada en julio de 1900, en la que fueron figuras destacadas Samuel Salama, Pablo Vallescá y Cándido Lobera, antes de que los dos últimos resultaran incompatibles entre sí; dos recias personalidades con criterios divergentes sobre la ciudad.

 Real decreto de 9 de abril de 1886

La Cámara fue fundada por Real Orden de 26 de septiembre de 1906, absorbiendo a los socios de la anterior Asociación, a pesar de que algunos de ellos no cumplían las condiciones exigidas para formar parte de este tipo de organismos, pero a los que no parecía razonable dejar fuera después de seis años integrados en la Asociación. Fue su primer presidente, el que los era de la Asociación, Pablo Vallescá, propietario, un antiguo médico militar asentado en Melilla desde 1881, y promotor del barrio del Mantelete.

En un principio la Cámara se alojó en un inmueble del Pueblo y más tarde en el edificio de la Junta de Fomento, hoy de la Autoridad Portuaria, lugar en que se encontraba cuando se inauguró su actual sede.

En la Cámara de Comercio de Melilla se creó, en marzo de 1907, la primera biblioteca de Melilla, que hoy, muy ampliada, sigue siendo una de las mejores de la ciudad por la calidad y cantidad de sus fondos. Para nutrirla se pidieron libros a organismos estatales y a particulares. Es muy curiosa la anécdota protagonizada por Pérez Lugín, quien, al pedirle el envío de alguna de sus obras, contestó que dado que él vivía de sus libros, le enviaran a cambio algunos comestibles de los que se vendían en el comercio de Melilla.

Desde su creación fue propósito de la Cámara tener sede propia. Solicitado al ramo de Guerra un solar, en enero de 1913 les fue concedido uno en el centro urbano para construir en él un museo comercial.

El 2 de agosto de ese año, y siguiendo un proyecto de Enrique Nieto, el general Gómez- Jordana, comandante general, colocó la primera piedra del edificio, que se hallaba a espaldas del teatro Kursaal, precedente del actual cine Nacional. 

El edificio comenzó a prestar sus funciones, aún sin terminar, el 14 de noviembre de 1914.

Fue inaugurado por el general Aizpuru, como se dice líneas arriba, a los 10 de la noche del el 25 de julio de 1915, con presencia de la mayoría de los socios y numerosas personalidades de la vida civil y militar de la ciudad.
 
El acto se celebró en el salón de actos, situado en el primer piso, en presencia de un cuadro del Rey, con uniforme de Húsares, obra de Saul Cabrera.
 
Cámara de Comercio, inauguración (1915).

En la foto adjunta se ve la mesa presidencial, con el general Luis Aizpuru en el centro: a su derecha, el Comandante de Marina Espinosa y Pablo Vallescá; a su izquierda, el general Arraiz de la Conderena y el vicepresidente de la entidad Ramón Varea Román, comerciante establecido en la misma calle. Habló en primer lugar Pablo Vallescá, dando las consabidas gracias a todos los que habían colaborado en la obra inaugurada.

A continuación se dirigió a la concurrencia Luis Fernández de Castro, que actuaba como secretario en ausencia de su hermano Rafael, que se hallaba enfermo. Leyó una memoria en la que se hacía pública la historia del organismo. Y finalizó el acto con unas palabras del general Arraiz alusivas al acto.

En el Museo Comercial, instalado en la planta baja del edificio, se presentaron muestras de numerosos comerciantes e industriales españoles, siendo las correspondientes a Melilla las facilitadas por Juan Montes (mosaicos y ferretería), Compañía Española de Minas del Rif (minerales) y Compañía del Norte Africano (minerales).

   Cámara de Comercio (1915).

En la fotografía del edificio, a su derecha, se ve la estructura de madera del antiguo teatro Kursaal, estrenado como salón de recreo en noviembre de 1912, y comenzando a funcionar como cine y teatro a fines de 1913. El 1 de julio de1937, y debido a la presión ambiental de los nuevos tiempos “y queriendo huir de nombres contrarios a nuestro rico idioma” cambió su nombre por el de Cine Nacional.