lunes, 26 de marzo de 2012

POLÍGONO, PRIMER BARRIÓ EXTRAMUROS DE MELILLA. SU FUNDACIÓN


El aumento, lento pero continuo, de la población en Melilla durante el siglo XIX, llegó a un punto tal que se hacía perentorio el buscar una solución al problema del alojamiento, crónico en la plaza desde siglos antes, creando un barrio fuera del estrecho marco de las llamados Recintos Históricos o Recintos Fortificados.

 Plano de Melilla (1893)

Aunque la idea estaba latente en las voluntad de  los gobernadores, sobre todo después que los Manteletes, el interior primero y el  exterior después,  fueran ocupados por casetas levantadas en su mayor parte por hebreos procedentes de las kabilas cercanas a la plaza, e incluso se hubiera solicitado autorización para construir un barrio al pie del cerro de Horcas,  solamente se hizo realidad al formalizarse, por parte de algunos vecinos, una petición oficial para construir fuera de los antiguos recintos amurallados.

En noviembre de 1886, Joseph Levy, comerciante, Francisco García Romagnoli, maestro ajustador de la Comandancia de Ingenieros, Alonso Díaz, almacenista de bebidas y José Coret, propietario de un tejar, solicitaron permiso para construir en el campo exterior, adjuntando un croquis con la situación de las viviendas propuestas.

 Viviendas del Polígono, fachada (1890)

En el informe emitido por la Comandancia de Ingenieros de Granada, emitido en el mes de diciembre siguiente, se decía que las construcciones  que se proponían se hallaban aisladas una de otra y que lo que procedía era la propuesta de un plan de arrabal que estuviera bajo la protección de la Plaza y construido “conforme a los principios de urbanización moderna”.

Como el camino a seguir  ya estaba marcado, en enero el Capitán General del distrito ordenó la formación de una comisión compuesta por vocales de la Junta de Arbitrios “y vecinos que por su capital y conocimientos pudieran ser útiles”, para que en el campo exterior de la plaza se eligiera un terreno adecuado para la construcción de un barrio “que respondiese a la creciente necesidad de dar ensanche a la población”.

 La Junta  formada estaba compuesta por el Comandante sargento mayor Manuel Ortega, el Jefe de Sanidad Francisco Carmona, el Vicario Joaquín García Reguera, y los civiles Antonio Manzano, un malagueño llegado a Melilla en 1874 como tabernero, que después se convertiría en comerciante en telas y, tras la creación del barrio, instalaría una fabrica de harinas en el Polígono; Manuel Ferrer Torán, un hombre crecido a la sombra del brigadier Macías, constructor del barrio de la Alcazaba, el primero fuera del primer recinto, concesionario de una cantera y propietario del café de León en la calle San Miguel, que hacía la función de casino militar; Alonso Díaz, ya citado, y José Salama Rofé, comerciante en tejidos y banquero ocasional.

Se propusieron terrenos cercanos a las murallas, que fueron rechazados por ser contrarios a la Ley de Zonas Polémicas, y finalmente se optó por los  que hoy ocupa el barrio, que, aun no estando tampoco conformes con la citada ley, al menos se hallaban a mayor distancia, dejando despejado el terreno intermedio, por lo que su habilitación se hizo como “polígono excepcional”.

Con la tardanza endémica en la historia de la ciudad el plano propuesto para el barrio se aprobó por R.O. de 29 de noviembre de 1888, casi dos años más tarde de la propuesta inicial, concediéndose el terreno a la Junta de Arbitrios. Los terrenos se tasaron a 2 pesetas/m2 y los solares de las primeras viviendas ocupaban una superficie de 10 metros de frente por 15 de fondo, superficie que fue modificada con el tiempo. Las bases para la venta de los solares se aprobaron en Junta del 10 de enero siguiente, elevándose hasta el Capitán General y publicándose en los Boletines Oficiales de Málaga y Granada.

 Polígono, plano de una vivienda (1893)

Por fin, en acta del 17 de marzo de 1890 se adjudicaron los primeros solares: A José Coret, cuatro solares; a Antonio Manzano, José Bernardi, Amalio Valderrama, José Rico, María Peralta y Rafaela Cortés, dos solares. De ellos, dos tenían su domicilio en el Pueblo, y los otros cuatro en las barracas del Mantelete. Tomaron posesión de aquellos en el mes de abril siguiente, siguiendo el protocolo acostumbrado, paseando por los terrenos  y esparciendo la tierra a puñados. En actas posteriores se fueron adjudicando más solares.

Los terrenos fueron entregados “a canon”, debiendo abonar 5 pesetas como reconocimiento del dominio por parte del Estado. Es decir, los adjudicatarios eran propietarios de las construcciones pero no del terreno. Una anomalía que no se solventó del todo hasta 1933.

Las primeras viviendas, la gran mayoría de planta baja,  se terminaron a principios de 1891, trasladándose a ellas una pequeña parte de la población del Pueblo, pero, sobre todo, la mayor  parte del comercio hebreo instalado en el Mantelete, lugar donde en aquellos días se creaba un nuevo barrio interior.

Había nacido el barrio del Polígono.

 Barrio del Polígono, vista general (1894)

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