lunes, 31 de enero de 2011

LA IGLESIA DEL LLANO

Tras la guerra de Margallo la población de Melilla fue aumentando progresivamente, de tal forma que la población del barrio del Polígono, en el campo exterior  y habitado desde 1891, recibió una población compuesta de gentes de diversas confesiones religiosas, entre ellas católicos  procedentes en su mayor parte del Sur peninsular.

Pronto se hizo oír la voz colectiva de este núcleo confesional  que solicitaba una iglesia más cercana que la existente en la Melilla antigua, hasta tal punto que la Junta de Arbitrios, en sesión del 24 de marzo de 1894, aprobó la construcción del  edificio religioso demandado. Como ya era tradición en la Melilla del siglo, la Junta de encontró con la falta de medios económicos para llevar a cabo la obra.

Tuvo que llegar a Melilla un vicario voluntarioso, D. Eduardo Alvendín Carrasco, para que la iniciativa cobrara vida. El Sr. Alvendín pretendía que la iglesia se levantara en el propio barrio del Polígono, donde los cristianos veían las tres sinagogas de que disponía el colectivo hebreo, aunque en viviendas particulares,  sin que ellos tuvieran un templo cercano.

En el nuevo cementerio existía una capilla de reducidas dimensiones, que por su función específica  no cumplía el objeto que se demandaba.

Finalmente, en 1900, cuando la población de Melilla  alcanzaba las 6.000 almas, el 80% de religión cristiana, impulsada por el señor vicario, una asociación de señoras, secundadas por el Coronel de la Comandancia de Ingenieros D. Angel Rosell y el de la Comandancia de Artillería D. Francisco Fernández de Heredia, Conde de Torre Alta,  crea una comisión que, en diciembre de ese año, aprueba la organización de quermeses y tómbolas con el fin de allegar los fondos necesarios para la construcción de la iglesia. Previendo el futuro, en el que la nueva Melilla se extendería por el llano existente entre las murallas y el barrio del Polígono, se decidió que se levantara en el desmonte existente en donde hoy se halla la iglesia del Sagrado Corazón, desmonte que provenía de las tierras extraídas en 1892 para rellenar  la parte de costa comprendida entre el muelle militar y la Florentina.

 Iglesia del llano (1908)

Para la iglesia del llano la Junta de Arbitrios aportó 100 pesetas, una cantidad insignificante que fue complementada con las sumas aportadas por las tómbolas citadas y algunas funciones de teatro que se organizaron para ello. Estas funciones, que el principio fueron mensuales, fueron decayendo con el tiempo, por el escaso resultado de las mismas, pero, sobre todo, por la salida de Melilla del coronel Rosell, en 1902, y el coronel Conde de la Torre Alta en 1903, principales alentadores de la construcción del templo.

Aun con todo, el 8 de diciembre de 1900 se había colocado la simbólica primera piedra, y se habían comenzado las obras, obras dirigidas por el capitán de Ingenieros Vicente García del Campo, autor de un proyecto de puerto en Melilla, pero también el capitán abandonó Melilla en 1902. Reorganizada la junta, la siguiente careció del entusiasmo necesario para llevar a cabo un proyecto como aquel. Solamente el párroco, Sr. Albendín, siguió en la pugna por el asunto. Consiguió que por parte de la Junta se  concedieron, sucesivamente, unos créditos de 1.400 y 3.000 pesetas, que sirvieron para levantar las paredes del templo, pero la parte más costosa, la cubierta, necesitaba créditos de mayor cuantía, por lo que algunos aconsejaron se recurriera a la petición de  donativos  a la aristocracia y grandes empresarios peninsulares.

Como anécdota, el recién creado diario local, El Telegrama del Rif, publicaba en 1903 una carta firmada por una tal Lisa, que supongo era un seudónimo, en la que se decía que la obra detenida constituía una curiosidad para los turistas llegados a Melilla, que preguntaban intrigados cual era el objeto de tal construcción.

Entretanto el Sr. Albendín había sido sustituido por D. Lorenzo Zotano, y este a su vez, desde el 4 de febrero de 1904, por D. Miguel Acosta, quien , como  solución urgente para solventar el problema del templo inacabado, y atender un colectivo cristiano que había aumentado considerablemente en los barrios exteriores, donde se había creado el nuevo barrio del Carmen, se habían levantado los pabellones militares de Santiago y Buen Acuerdo, se había comenzado el barrio de Alfonso XIII y se habían instalado otros núcleos de viviendas diseminadas por la zona, solicitaba a la Junta  el alquiler de un local que supliera la falta de la iglesia. En ambas ocasiones, la Junta denegó la petición por falta de crédito.

En 1906 se comienza el nuevo barrio central, extendido por lo que antiguamente fue campo de instrucción y más tarde  huertos de la guarnición, y poco a poco se fueron levantando nuevos edificios, incrementándose la población. En 1907 y 1908 vuelve a insistir el Sr. Acosta en que la Junta alquile un local. La Junta contesta igualmente que no tiene consignación para ello.

Detalle del plano de Melilla al 31-12-1908, zona centro (Memoria Obras del Puerto)

Era la época en que el capitán García Pérez, de visita en Melilla, veía en el llano “una iglesia de esbelto trazado” (GARCIA PÉREZ.- Ocho días…1909). Y es a esta época a la que corresponde la foto de la iglesia que se adjunta.

En el barrio de Alfonso XIII, donde hoy existe (o existía) una sinagoga, las monjas del Buen Consejo, llegadas a Melilla a fines de 1905, abrieron el 27 de abril de 1907 una nueva capilla, bendecida precisamente por el vicario Miguel Acosta. Tampoco este espacio reducido resolvía la demanda de iglesia, ni tampoco cuando el 2 de noviembre de 1908, e igualmente bendecida por el ubicuo Miguel Acosta, inauguraron en la calle Tetuán (hoy Chacel) una nueva capilla, pero también con escaso aforo, pues solamente tenía capacidad para 100 personas. El culto corría a cargo de D. Fernando Solanilla, cura castrense.

Tras la campaña de 1909, la población de Melilla alcanzaba la cifra de 21.000 almas y una guarnición de 60.000 hombres dispersos por la zona.

Sin dinero para rematar la obra, a fines de 1910 llegan noticias de que el Gobierno había incluido una partida de 150.000 pesetas para continuar las obras, comprometiéndose a incluir en años sucesivos diversas partidas hasta su final. Se estimaba para entonces que lo construido  no servía para nada y había que hacer un proyecto nuevo, pues la población había aumentado considerablemente y era preciso aumentar el volumen y superficie de la obra. Además, debido a su abandono, lo construido presentaba un gran deterioro.

Pocos días más tarde, a principios de 1911, con motivo de la llegada de Alfonso XIII a Melilla, acompañado del Presidente del Consejo de Ministros, alguien recordó a este segundo el compromiso del Gobierno, contestando el Sr. Canalejas que haría lo posible para que la iglesia del llano se terminara.

 Fernando Guerrero Stracham (1912)

Algo se hizo, al menos formalmente, pues en el mes de abril siguiente llegó a Melilla, el arquitecto de la Junta Diocesana de Málaga D. Fernando Guerrero Stracham, acompañado por el párroco de la iglesia del Carmen D. José Fresneda, y el beneficiado y vicesecretario del Obispado D. José Montero, quienes el mes anterior habían sido nombrados para estudiar el proyecto de la nueva iglesia. En esta iniciativa se veía la mano, una vez más, de D. Miguel Acosta.

En el mes de agosto siguiente se recibe la mala noticia de que los créditos del Ministerio de Gracia y justicia estaban agotados y había que esperar al presupuesto del año siguiente.

Efectivamente, por R.O. de 5 de febrero de 1912 del citado ministerio se aprueba el proyecto de obras del nuevo templo, de Guerrero Stracham, con  aportación de 30.000 pesetas, cantidad  con la que al menos se cumplía parte del compromiso asumido.

 Iglesia del  Sagrado Corazón (1961)

Las 30.000 pesetas solo dieron para las obras de derribo de lo construido, la ampliación del desmonte y la cimentación. Derruida la inútil obra anterior desde el 25 de mayo siguiente, desapareció el mudo testigo de doce años de impaciente espera, viviéndose con  las obras de la iniciada iglesia del Sagrado Corazón una peripecia, en algunos aspectos, similar a la anterior.

domingo, 23 de enero de 2011

EL CAMPAMENTO REAL DE ALFONSO XIII EN MELILLA

Entre los acontecimientos que mayor expectación han suscitado en Melilla a lo largo de su historia están las tres visitas que el Rey Alfonso XIII hizo a la ciudad durante su reinado.

Este mes se cumple el centenario de la segunda y, según parece, se han puesto en marcha algunas iniciativas conducentes a rememorar tan especial efeméride.

Días antes de la llegada del monarca la ciudad entera se movilizó para que don Alfonso encontrara en Melilla el ambiente que se esperaba para una visita real.

 Alfonso XIII (1911)

La ciudad no estaba preparada para dar alojamiento a la numerosa comitiva que acompañaba a Rey en su viaje, entre la que se encontraba el Presidente del Consejo de Ministros Sr. Canalejas. Solamente los hoteles Colón, De France y Reina Victoria ofrecían sus modestas instalaciones a los  visitantes. El primero, situado en el barrio del Polígono, y  que hoy aun muestra su estructura similar a la original, fue fundado por José Torres Pubill en 1894 con el nombre de Hotel Asia. El segundo, lo fue por su viuda, en agosto de 1909, en plena guerra del Rif, en la calle General Marina, que entonces se llamaba carretera del Buen Acuerdo, y el tercero, cuya exterior puede verse hoy sin cambios destacables, situado en pleno barrio central, se inauguró en octubre de 1908, precisamente en el mismo lugar donde, en una tienda de campaña y  durante la guerra de Margallo, se había instalado un restaurante, el primero de Melilla. Aunque  este último hotel era considerado por Ruiz Albéniz  como  “linajudo”, los tres centros hosteleros ofrecían un ambiente interior  aceptable pero no lo suficiente, en capacidad y confort, como para alojar a tan ilustres personajes y su séquito.

La alternativa fue, curiosamente, más modesta, pero muy acorde con la personalidad de Alfonso XIII que, como es sabido, tenía gran predilección por todo lo relacionado con lo militar.

El Regimiento Mixto de Artillería, que por aquella época estaba de guarnición en Melilla, se había creado por R.O. de uno de julio de 1910, y por otra R.O. de 29 de octubre del mismo año se dispuso que como acuartelamiento para la unidad se utilizara la zona inmediata al fuerte llamado precisamente de Alfonso XIII. Desde el mes de noviembre siguiente se comenzaron a levantar los nuevos barracones para la tropa, y cuando se anunció la inmediata llegada del Rey ya estaban levantados nueve de aquellos. Siete de estos barracones fueron destinados como alojamiento de Alfonso XIII y resto de personalidades.

 Campamento, pabellón real y salón de audiencias (Alzugaray, 1911)
 Barracón para personal del séquito
Sección de un barracón

El encargo de adecuar los barracones a su improvisado uso fue el primer teniente de Ingenieros Alzugaray, con destino en la compañía de Zapadores, quien ascendería a capitán justo en el momento en que se acondicionaban aquellos.

Los dos primeros barracones, que pueden verse en uno de los planos del proyecto que se adjuntan, fueron dedicados, uno, a salón del trono, y otro, con el que se comunicaba el anterior por medio de un pasadizo, a alojamiento del Rey y su Jefe de la Casa real. El decorado corrió a cargo de los establecimientos hindúes de Melilla Chanrai y Pohomull Hermanos. Los comerciantes hebreos contribuyeron a decorar una habitación en estilo moruno. Los muebles fueron facilitados por comerciantes y particulares de la ciudad.

El resto de los barracones, cuyo interior estaba dividido por tabiques que separaban las habitaciones y despachos, se destinó al personal acompañante.

El 7 de enero de 1911, descendiendo del yate real Giralda,  hacía su entrada Alfonso XIII en Melilla, siendo cumplimentado por el Capitán General  García Aldave, por un nutrido grupo de personalidades de la ciudad y de las kabilas cercanas, y un inmenso gentío que se agolpaba en las inmediaciones.

 Subida de la comitiva al  campamento real

Tras un solemne acto religioso en la iglesia del pueblo, el Rey y su comitiva se dirigieron al campamento real, estando cubierta la carrera, durante todo el trayecto, por tropas de la guarnición, como puede verse en la fotografía adjunta.

Los pabellones del campamento de Alfonso XIII fueron utilizados durante las campañas como hospital, tal como puede observarse en el plano que se adjunta en mi página dedicada a Rogelio Vigil de Quiñones, que prestó sus servicios en el mismo.