martes, 10 de enero de 2012

UN INGENIERO HIDRÓGRAFO FRANCÉS EN MELILLA (1855)

Tras la ocupación de Argelia desde 1830  los franceses  vieron la necesidad de completar las cartas marinas  de las costas norteafricanas, entre ellas las de Marruecos, cuyos últimos trabajos fueron  los del español Tofiño a  fines del XVIII. Entre 1831 y 1833 se habían completado las de las costas argelinas  y, en 1853, se decidió comenzar los trabajos de reconocimiento hidrográfico de la costa marroquí entre  el cabo  Espartel y las islas Chafarinas. Para ello se  preparó un  aviso à vapeur, Le Phare, al mando del capitán de navío Kerhallet. Entre el personal a bordo iba el ingeniero hidrógrafo Vincendon-Dumoulin , un hombre avezado en este tipo de trabajos pues había recorrido el Polo sur   y Oceanía en misiones similares.



El viaje se efectuó en 1855, comenzando por la zona de  Tetuán, y todas las incidencias, hasta su finalización, fueron recogidas por Vincendon en una publicación, aparecida en 1857, titulada  Description nautique de la côte N. du Maroc.



En ella el ingeniero reconoce que los únicos lugares en los que pudieron poner sus pies fueron las plazas españolas; en el resto del territorio la amenaza de los naturales  hizo imposible el trabajo en tierra. De  hecho el texto recoge en varios momentos frases  que llaman la atención en un derrotero de este tipo. Por ejemplo, cuando se refiere a la costa de Alhucemas escribe: Los moros son tan hostiles en esta parte de la costa del Rif que es raro que, estando a su alcance, no se reciban disparos de fusil.



En Melilla los marinos fueron amablemente recibidos por el coronel Buceta, a quien Vincendon denomina  “comandante superior de todos los presidios del Rif”. En esa plaza se le dieron todas las informaciones  necesarias sobre el  objetivo del viaje, lo que satisfizo tanto al ingeniero que en el libro no se escatiman elogios a la hora de agradecer  tanta amabilidad.



También  se encuentran en el libro afirmaciones tan sorprendentes como la posible existencia, bajo el cabo Tres Forcas, de un puerto subterráneo al  que se accedía por unas cuevas, cuevas que efectivamente existen en aquel.



Incluyo algunos de los dibujos que figuran en el libro, vistas tomadas  desde el barco por el dibujante de la expedición.



Transcribo a continuación, traducido del francés, la parte en que se refiere a aquel tramo del recorrido.



“Toda esta costa es sana  y acantilada. Va decreciendo gradualmente hasta Melilla, cuyas paredes blancas y los fuertes se destacan en el extremo de los acantilados, sobre todo cuando se viene del Norte. Esta ciudad  está  construida sobre una península, rocosa y baja, que se une al continente por una línea de fortificaciones, de las que el fuerte del Rosario es la cima.



Melilla y Atalayón



Al Sur de la plaza se extiende una llanura  pantanosa y malsana en la que destaca un gran charco de agua alimentado por un río, el de Oro, que no se comunica con el mar, al menos durante la estación seca.



La parte Norte de este pantano, encerrada dentro del recinto exterior de Melilla, ha sido convertida en huertas; está protegida por el fuerte y torre de Santa Bárbara, que se ve al borde  del mar y que limita las fortificaciones de la ciudad por el Sur.



Más allá de esta laguna se observan algunas colinas cubiertas en parte de verdor, y sobre una de ellas, completamente árida, la batería de los rifeños. Se distingue aún, sobre otra colina, un considerable poblado cuyas casas, mal construidas  son, sin embargo, de piedra y están rodeadas de huertas. Este poblado es uno de los más importantes de la península de Melilla. Los habitantes son excesivamente hostiles y nos han parecido muy bravos. (En nota al pie escribe: Les hemos visto ir al descubierto haciendo con su fusil la fantasía (en español) habitual entre los moros, y recoger  las balas de cañón y fusil que les tiraban los españoles) (Al mencionar la península de Melilla está aludiendo, en realidad, tal como se explica en párrafos anteriores del texto, a la península de Tres Forcas. No es fácil deducir a que poblado se refiere. Puede ser Cabrerizas, que no tenía tal importancia; Farhana, que entonces se extendía por la ladera del monte cercano al pueblo actual, o el Had de Beni Sicar, que sí debía ser el núcleo habitado de mayor entidad).


Sobre  el baluarte N.E. de la ciudad existe una pequeña torrecilla en donde, como en Alhucemas, se enciende un farol por la noche, desde el momento en que, a lo largo del día, se avista un navío. Este fuego fijo y blanco debería ser coloreado para poderlo distinguir de los fuegos encendidos por los indígenas.



Melilla (1855)



El desembarcadero se halla al E. de la plaza y está tallado en la roca misma sobre la que se asienta. (Se trata de la durísima obra efectuada con mano de obra presidiaria durante la época del gobernador Cappa). Con vientos del E. un poco frescos es impracticable. En ese caso es preciso  situarse en el puerto, pequeña cala situada al S.O. del fuerte y que no puede abrigar más que pequeñas embarcaciones. En este lugar, casi con toda certeza, al menos en el estado actual de cosas, se está  expuesto  a recibir disparos de fusil e incluso cañonazos, porque , sobre las colinas que se hallan enfrente, los rifeños han podido mantener hasta ahora una batería de cinco o seis piezas, de las cuales se dice que una es de a 24; esta batería, poco temible ciertamente, es muy difícil de desmontar, ya que las piezas están enterradas en parte y apuntadas sobre la plaza; está protegida, lo mismo que la gente que las sirve, por espaldones de tierra.



La plaza de Melilla, vista desde el Norte, parece poco extendida; sin embargo, tiene un recinto considerable; podría albergar una guarnición de 1.500 a 1.800 hombres. Se halla mandada por un coronel que tiene bajo sus órdenes a los jefes de los presidios de la costa del Rif, y un cuerpo de oficiales entre los que se encuentran un comandante de artillería y uno de ingenieros. Hay un buen número de empleados, algunos con su familia, y 300 confinados. Para entretener sus ocios han creado un círculo y un teatro.



Hay varios pozos que abastecen de agua en abundancia. Las demás provisiones llegan de España. Hemos visto unos formidables almacenes  a prueba de bomba para los víveres y el servicio de artillería.



La plaza posee un magnífico material en piezas de bronce de diverso calibre, del que solo una parte está montado, y es suficiente para protegerla de los intentos de los moros. Estos mandan de vez en cuando algunas balas de cañón sobre la plaza y acuden a disparar contra los centinelas que logran descubrir. Un observatorio, colocado en lo alto de la fortaleza, enfrente mismo de la batería de los rifeños, permite seguir todos los movimientos en la vega; allí hay un vigía permanentemente. (En nota al pie afirma que en la época de su visita  solo había 600 hombres de guarnición).



Según los oficiales españoles, la población armada se elevaría, en los alrededores del presidio, a unos 10 o 12.000 indígenas, extendidos sobre las vertientes del monte de Melilla, y que se pueden reunir rápidamente a unas señales convenidas, hechas por medio de fuegos encendidos sobre ciertas alturas.


(A continuación hace varias consideraciones sobre el puerto de Melilla)


El monte de Melilla (El Gurugú) puede darnos útiles indicaciones sobre los vientos. Cuando las nubes se acumulan en el O. se deben temer vientos del E. 


(lo que los antiguos pescadores y marineros de Melilla expresaban en un dicho popular: Gurugú con montera, Levante quieras o no quieras). Si es en el E. ocurre lo contrario.



El Gurugú



Esta montaña está situada al S.O. de la plaza; su base es considerable; sus pendientes son suaves, y bellas llanuras onduladas se extienden  entre su pie y la orilla. (Es la falsa impresión que produce el  Gurugú  visto desde alguna distancia; la misma que hizo tomar una decisión equivocada al general Pintos cuando el episodio del barranco del Lobo).



 En algunas posiciones, principalmente cuando permanece al SSO. Presente dos picos muy distintos. Sobre una colina situada a su pie se ve un morabo blanco al lado de una mancha de verdor; es el único que hemos visto en esta parte; probablemente pertenece a la kasbah de Zeluan (deducción equivocada).



(Sigue la descripción de la costa entre Melilla y las islas Chafarinas).